Imagina una historia:
Un día te levantas y te apetece tomar un café, decides ir a una cafetería cercana y pides un café, pagas por él y te dan agua manchada. No hay café, mejor, no vas a obtener café.
Otra más:
Andas sobrado, tienes tanto dinero que decides comprarte uno de los coches más caros del mundo y tras pagar, te enseñan el coche, que podría ser algo parecido a un coche o no
No son buenas historias, no son leyendas, más bien son ejemplos sencillos de lo que parece una realidad; pero lo peor es que existe un sector en el que las cosas se dan de esta manera y el sector sobrevive.
Sí, hablamos del sector tecnológico, sobrevive y se dan casos como el anterior, donde las empresas venden Porsche y obtiene triciclos las veces que los obtienen. La pregunta es ¿cómo sobrevive un sector con esta precariedad? ¿Por qué nadie hace nada aparente para remediarlo? Es extraño que un sector en el que el desastre es lo normal (un 80% frente a un 20% de éxito), se sigan haciendo las cosas de la misma forma.
¿Qué fue lo que se me perdió? ¿Qué no vi?

Sobrevive a base de mentiras, claro.
Que pienso que el sector está mal es algo que no he ocultado nunca. Pero tiene una razón para existir: y es que cuando funciona, es un gran avance. Incluso cuando no funciona del todo, lo poco que funciona, es mejor que nada. Por eso el sector “sobrevive”.
Otra cuestión es porque los clientes de ese bar pagan el aguachirri ese que se les vende. Cuando lo pagan, que aquí jugamos todos.
Todo depende si el que lo compra tiene la percepción de estar tomando agua o un café muy muy ligero, o que ligará más con el triciclo.
La percepción subjetiva, mas sus uso será lo que le permita percibirlo como timo o no.
Parece claro que mentiras u ocultación parcial de la información dando lugar a irrealidades es cierto que las hay.
Lo que no logro ver es a quien beneficia este estado. Si las cosas partiesen de la base de lograr hacerse bien, el beneficio al que apunta Al podría ser en un alto grado de los casos, no como sucede ahora que es todo lo contrario.
Y cada vez se hace más evidente el doble juego, el que compra sabe lo que compra como el que vende también sabe qué es lo que vende. Aunque aquí parece que volvemos a lo primero, no hagamos tunning de lo que hacemos, llamemos agua manchada a lo que hasta ahora llamábamos café y no lo era.